lunes, 27 de septiembre de 2010
miércoles, 22 de septiembre de 2010
OJO DE AGUILA
Ojo de aguila era un audaz niño piel roja, ansioso por alcanzar la edad de caza que aún se le vetaba. Bien sabía que para emprender la larga marcha en busca de alimento cárnico había de ser entrenado durante más de seis lunas por un experimentado cazador. No se cansaba de preguntar a su madre una y otra vez por el anhelado momento en que dejara atrás el campamento para disfrutar de estas jornadas con el resto de los pieles rojas.
- Madre… ¿cuándo podré yo ir a cazar? – decía Ojo de aguila mientras curtía pieles.
- Pronto hijo… – decía con resignación y cierta pena al ver las ganas que brotaban de los ojos del niño.
- Madre… ¿cuándo podré aprender? Soy suficiente mayor… – decía mientras salaba las pieles para su conservación.
- No, no lo eres… – volvía a repetir siguiendo con sus tareas.
Cada día que precedía a la cacería era la misma tarantela, y obtenía siempre las mismas respuestas de su progenitora. Entonces triste seguía su faena. Ojo de aguila sabía distinguir con precisión las diferentes huellas de animales y las voces de apareamiento, además de ser un gran tirador con arco. A pesar de sus habilidades, no era suficiente para el resto de los hombres que se burlaban de él desde lo alto de su hombría.
Uno de esos días predecesores, Ojo de aguila se mostró callado y pensativo tras la negativa de su padre a acompañarles. Al caer la noche fingió estar muy cansado y pronto se acurrucó bien abrigado a la espera de que la luna dejara paso a la mañana. Con un sigiloso despertar preparó alimentos, agua, abrigo y una afilada vara de arce que bien le serviría como arma. Entonces siguió a los cazadores manteniendo una distancia prudencial. No debían percatarse de su presencia. Observaba con atención cada uno de sus pasos en la lejanía y cuando hubo caído la tarde una colina les sirvió de refugio para dar caza a los ciervos, los mensajeros de las buenas y las malas noticias. Encendieron un fuego para cocinar algunos alimentos y resguardarse del frío. Ojo de aguila se dispuso a imitarles con la mala fortuna de darse cuenta demasiado tarde que había olvidado la yesca y el pedernal. Si no quería morir de frío debería acercarse al campamento, pero la desobediencia de la que hacía gala le traería una gran reprimenda que no estaba dispuesto a soportar. Muerto de frío y hambre, sin fuego al que arrimar su menudo cuerpo, el muchacho estaba decidido a no acercarse al grupo por miedo al castigo que caería sobre él, pero las circunstancias, una vez más, le obligaron a tomar una decisión que no era más que otra forma de mala suerte. Un puma rugió tras él y asustado olvidó sus divagaciones mientras corría despavorido en dirección a los cazadores. Sus predicciones no resultaron erróneas y los pieles rojas le propinaron una descomunal paliza recordándole la mala elección que le había hecho tomar su desobediencia, al tiempo que se burlaban de él por su cobarde huída del predador.
A la mañana siguiente, enfadado aún y con cierto sarcasmo e ironía, el jefe del grupo le ordenó que se mantuviera aguardando en el campamento mientras ellos cazaban. Ojo de aguila no pudo aguantar mucho tiempo inmóvil, nuevamente, desobedeció sus órdenes y abandonó el lugar. No hubieron pasado más de unos minutos cuando una fiera tormenta de nieve le salió al paso, borrando las huellas que le permitieran el regreso y dejándole totalmente desorientado y confundido, pues ésta trajo consigo una densa niebla que apenas le permitía verse los dedos de las manos frente a él. Cuando amainó, el muchacho se encontraba totalmente perdido y sin rumbo. A lo lejos pudo ver entonces la silueta de un gran animal. Al acercarse advirtió que se trataba de un búfalo blanco, animal mágico y sagrado entre todas las tribus de pieles rojas. Con el miedo emanando de cada uno de sus poros, Ojo de aguila osó acercarse al mamífero con sopesada lentitud. El búfalo le miró piadoso y se dejó acariciar. Momentos después, el animal empezó a caminar llevando al niño camino del campamento. Una vez allí, el búfalo desapareció entre la niebla, fundiéndose con ella mientras se alejaba.
La reprimenda del jefe piel roja no fue pequeña y cuando Ojo de aguila contó lo sucedido suscitó una gran carcajada entre los componentes de su grupo que, burlándose propinaron varios golpes al chico. Pero el jefe, tras escuchar la historia y meditarla durante un instante, apremió el cese de aquel jolgorio y procedió a relatar desde lo profundo del recuerdo.
- Hijo… – dijo con una voz profunda y algo rasgada en su idioma indio – lo que has visto bien me recuerda a una historia del pasado. Cuando viajé al sur tenía tu edad. Allí había un grupo enemigo de hombres que mataban… que destruían todo lo que a su paso encontraban. Eran malvados seres de piel blanca, con armaduras brillantes y palos cortantes, que cabalgaban sobre caballos. Cuando arreció el frío invierno, tu abuelo y yo nos vimos en la necesidad de huir de aquella amenaza junto con nuestras familias. Pero nos perdimos… – miraba hacía el cielo, como esperando una aprobación para seguir hablando – nos perdimos y no teníamos los víveres necesarios para subsistir, no teníamos que comer y el frío atenazaba nuestros huesos y el de la gente más anciana de la tribu. Tu abuelo entonces se aventuró a la caza de algún animal para mitigar el hambre que a todos nos mordía el estómago. Le estuvimos esperando mucho tiempo hasta que finalmente apareció arrastrando un ciervo. Delante de él, un búfalo blanco le guiaba. Cuando llegaron el búfalo le miró a los ojos y dio la vuelta, al poco ya no estaba y tu abuelo nos contó que se había perdido. El animal mágico le había llevado hasta aquel ciervo y luego le había enseñado el camino de vuelta al campamento, guiándole hasta donde todos nos encontrábamos. – Miró a todos los presentes con solemnidad – Gracias al búfalo blanco sobrevivimos y pudimos seguir avanzando hasta estas tierras salvas de cualquier peligro blanco.
- Entonces… – el chico miraba con recelo a la espera de ser nuevamente azotado.
- Yo te creo… – puso la mano sobre el hombro del chico – y te digo que el día de mañana serás un gran chamán, cuando no un gran jefe.
Aquel día Ojo de aguila empezó a notar como dejaba de ser niño para convertirse en hombre. Nadie más se burló de él, ni en ese momento ni en ningún otro. Con el tiempo fue respetado y amado. Creció y sus hazañas forjaron leyendas. Nunca más volvió a ver al gran búfalo blanco. En cambio, la magia sacra que viera en aquellos ojos perduró para siempre en su corazón, cobrando vida en sus sueños de brujo.
Extraído del libro “Senderos de Mitología Olvidada? de Víctor Morata Cortado
LOLY.
- Madre… ¿cuándo podré yo ir a cazar? – decía Ojo de aguila mientras curtía pieles.- Pronto hijo… – decía con resignación y cierta pena al ver las ganas que brotaban de los ojos del niño.
- Madre… ¿cuándo podré aprender? Soy suficiente mayor… – decía mientras salaba las pieles para su conservación.
- No, no lo eres… – volvía a repetir siguiendo con sus tareas.
Cada día que precedía a la cacería era la misma tarantela, y obtenía siempre las mismas respuestas de su progenitora. Entonces triste seguía su faena. Ojo de aguila sabía distinguir con precisión las diferentes huellas de animales y las voces de apareamiento, además de ser un gran tirador con arco. A pesar de sus habilidades, no era suficiente para el resto de los hombres que se burlaban de él desde lo alto de su hombría.
Uno de esos días predecesores, Ojo de aguila se mostró callado y pensativo tras la negativa de su padre a acompañarles. Al caer la noche fingió estar muy cansado y pronto se acurrucó bien abrigado a la espera de que la luna dejara paso a la mañana. Con un sigiloso despertar preparó alimentos, agua, abrigo y una afilada vara de arce que bien le serviría como arma. Entonces siguió a los cazadores manteniendo una distancia prudencial. No debían percatarse de su presencia. Observaba con atención cada uno de sus pasos en la lejanía y cuando hubo caído la tarde una colina les sirvió de refugio para dar caza a los ciervos, los mensajeros de las buenas y las malas noticias. Encendieron un fuego para cocinar algunos alimentos y resguardarse del frío. Ojo de aguila se dispuso a imitarles con la mala fortuna de darse cuenta demasiado tarde que había olvidado la yesca y el pedernal. Si no quería morir de frío debería acercarse al campamento, pero la desobediencia de la que hacía gala le traería una gran reprimenda que no estaba dispuesto a soportar. Muerto de frío y hambre, sin fuego al que arrimar su menudo cuerpo, el muchacho estaba decidido a no acercarse al grupo por miedo al castigo que caería sobre él, pero las circunstancias, una vez más, le obligaron a tomar una decisión que no era más que otra forma de mala suerte. Un puma rugió tras él y asustado olvidó sus divagaciones mientras corría despavorido en dirección a los cazadores. Sus predicciones no resultaron erróneas y los pieles rojas le propinaron una descomunal paliza recordándole la mala elección que le había hecho tomar su desobediencia, al tiempo que se burlaban de él por su cobarde huída del predador.
A la mañana siguiente, enfadado aún y con cierto sarcasmo e ironía, el jefe del grupo le ordenó que se mantuviera aguardando en el campamento mientras ellos cazaban. Ojo de aguila no pudo aguantar mucho tiempo inmóvil, nuevamente, desobedeció sus órdenes y abandonó el lugar. No hubieron pasado más de unos minutos cuando una fiera tormenta de nieve le salió al paso, borrando las huellas que le permitieran el regreso y dejándole totalmente desorientado y confundido, pues ésta trajo consigo una densa niebla que apenas le permitía verse los dedos de las manos frente a él. Cuando amainó, el muchacho se encontraba totalmente perdido y sin rumbo. A lo lejos pudo ver entonces la silueta de un gran animal. Al acercarse advirtió que se trataba de un búfalo blanco, animal mágico y sagrado entre todas las tribus de pieles rojas. Con el miedo emanando de cada uno de sus poros, Ojo de aguila osó acercarse al mamífero con sopesada lentitud. El búfalo le miró piadoso y se dejó acariciar. Momentos después, el animal empezó a caminar llevando al niño camino del campamento. Una vez allí, el búfalo desapareció entre la niebla, fundiéndose con ella mientras se alejaba.
La reprimenda del jefe piel roja no fue pequeña y cuando Ojo de aguila contó lo sucedido suscitó una gran carcajada entre los componentes de su grupo que, burlándose propinaron varios golpes al chico. Pero el jefe, tras escuchar la historia y meditarla durante un instante, apremió el cese de aquel jolgorio y procedió a relatar desde lo profundo del recuerdo.
- Hijo… – dijo con una voz profunda y algo rasgada en su idioma indio – lo que has visto bien me recuerda a una historia del pasado. Cuando viajé al sur tenía tu edad. Allí había un grupo enemigo de hombres que mataban… que destruían todo lo que a su paso encontraban. Eran malvados seres de piel blanca, con armaduras brillantes y palos cortantes, que cabalgaban sobre caballos. Cuando arreció el frío invierno, tu abuelo y yo nos vimos en la necesidad de huir de aquella amenaza junto con nuestras familias. Pero nos perdimos… – miraba hacía el cielo, como esperando una aprobación para seguir hablando – nos perdimos y no teníamos los víveres necesarios para subsistir, no teníamos que comer y el frío atenazaba nuestros huesos y el de la gente más anciana de la tribu. Tu abuelo entonces se aventuró a la caza de algún animal para mitigar el hambre que a todos nos mordía el estómago. Le estuvimos esperando mucho tiempo hasta que finalmente apareció arrastrando un ciervo. Delante de él, un búfalo blanco le guiaba. Cuando llegaron el búfalo le miró a los ojos y dio la vuelta, al poco ya no estaba y tu abuelo nos contó que se había perdido. El animal mágico le había llevado hasta aquel ciervo y luego le había enseñado el camino de vuelta al campamento, guiándole hasta donde todos nos encontrábamos. – Miró a todos los presentes con solemnidad – Gracias al búfalo blanco sobrevivimos y pudimos seguir avanzando hasta estas tierras salvas de cualquier peligro blanco.- Entonces… – el chico miraba con recelo a la espera de ser nuevamente azotado.
- Yo te creo… – puso la mano sobre el hombro del chico – y te digo que el día de mañana serás un gran chamán, cuando no un gran jefe.
Aquel día Ojo de aguila empezó a notar como dejaba de ser niño para convertirse en hombre. Nadie más se burló de él, ni en ese momento ni en ningún otro. Con el tiempo fue respetado y amado. Creció y sus hazañas forjaron leyendas. Nunca más volvió a ver al gran búfalo blanco. En cambio, la magia sacra que viera en aquellos ojos perduró para siempre en su corazón, cobrando vida en sus sueños de brujo.
Extraído del libro “Senderos de Mitología Olvidada? de Víctor Morata Cortado
LOLY.
lunes, 6 de septiembre de 2010
SEGUIR MIRANDO EL BLOG
AUN ESTOY LIADA CON LA OPERACION DE MI HIJO Y ME QUEDA ALGUN TIEMPO PERDONAD POR NO TENER TIEMPO PARA HACER ENTRADAS.
LOLY.
LOLY.
miércoles, 23 de junio de 2010
HASTA PRONTO
viernes, 11 de junio de 2010
martes, 8 de junio de 2010
VIVE!!,SE FELIZ!!!
Vive !!, Sé Feliz...!!!
Camina por donde nunca nadie antes haya caminado.
Haz lo que nunca nadie antes haya hecho
Deja tus propias huellas... y no pises sobre las huellas de los demás porque no dejarás marca.
Si caminas por donde ya hayas caminado, encontrarás lo que ya has encontrado
Si te atrae una luz, síguela. Si te conduce a un pantano, ya saldrás de él... Pero si no la sigues, te preguntarás toda la vida si acaso era una estrella.
Cada día que vives es una ocasión especial
La vida, por muy dura que se ponga a veces, se ve mejor desde detrás de una pequeña sonrisa.
Sueña lo que te atrevas a soñar. Ve donde quieras ir.
Sé lo que quieras ser. ¡Vive!
El que quiere hacer algo, encuentra el camino.
La felicidad es como la mariposa... cuanto más la persigues más te eludirá, pero si vuelves tu atención a otras cosas vendrá y suavemente se posará en tu hombro!
Aunque no sepas la explicación, nada ocurre sin razón!!!
Camina por donde nunca nadie antes haya caminado.Haz lo que nunca nadie antes haya hecho
Deja tus propias huellas... y no pises sobre las huellas de los demás porque no dejarás marca.
Si caminas por donde ya hayas caminado, encontrarás lo que ya has encontrado
Si te atrae una luz, síguela. Si te conduce a un pantano, ya saldrás de él... Pero si no la sigues, te preguntarás toda la vida si acaso era una estrella.
Cada día que vives es una ocasión especial
La vida, por muy dura que se ponga a veces, se ve mejor desde detrás de una pequeña sonrisa.
Sueña lo que te atrevas a soñar. Ve donde quieras ir.
Sé lo que quieras ser. ¡Vive!
El que quiere hacer algo, encuentra el camino.
La felicidad es como la mariposa... cuanto más la persigues más te eludirá, pero si vuelves tu atención a otras cosas vendrá y suavemente se posará en tu hombro!
Aunque no sepas la explicación, nada ocurre sin razón!!!
LOLY.
miércoles, 2 de junio de 2010
CUANDO UNA PUERTA SE CIERRA
Cuando una puerta se cierra, siempre hay otra que se abre pero seguimos mirando la puerta cerrada sin dar importancia a la que se acaba de abrir.No te fíes de las apariencias: a menudo son engañosas. No te obsesiones con la riqueza: es perecedera.
Busca a alguien que te comunique la sonrisa pues basta una sola de ellas para que el más triste día se transforme en otro mejor. Busca a alguien que haga sonreir a tu corazón.
Porque la vida es única y solo existe una posibilidad para hacer las cosas que queremos hacer. Los afortunados no tienen necesariamente
lo mejor de lo mejor. Simplemente escogen lo mejor de lo que encuentran en su camino.
El más hermoso futuro siempre dependerá de la necesidad de olvidar el pasado. Nunca podrás avanzar en la vida hasta que hayas superado los errores del pasado y todo lo que lastima tu corazón.
Cuando lloras como un niño todo tu entorno sonríe. Vive la vida plenamente, ve hasta el fin de las cosas siempre con alegría a pesar de las lágrimas de los otros.
- Sueña lo que deseas soñar.
- Vé a donde deseas ir.
- Intenta ser lo que deseas ser.
LOLY.
jueves, 27 de mayo de 2010
LO QUE MATA AL AMOR.....
Hay formas de matar, formas de torturar, formas de olvidar, formas de aprender…Existen dos caminos muy claros que matan al amor. El uno es el camino rápido, cuando premeditadamente acribillamos la ilusión de la pareja, la infidelidad, la actitud violenta pueden acabar una relación en menos de un minuto; el amor acaba rápidamente entonces gracias a Dios. El dolor pasa y el corazón se sobrepone y así logra continuar hasta encontrar la persona correcta a la que todos tenemos derecho.
Sin embargo existe el camino mas corto y doloroso que condena al final de un sentimiento de manera lenta y agónica… LA INDIFERENCIA O EL DESDEN… no existe forma mas terrible y cruel de matar un sentimiento que tener esta actitud.
Del 100% de parejas encuestadas, las dos terceras partes coinciden en que lo que le alejó o le hizo decepcionarse de su pareja fue la falta de interés que se notaba de su compañero (a). Y es que es lógico, si el amor nace de la comunicación afectiva, de los detalles tiernos, del interés de verse y las palabras motivadoras que se agregan cada día, nadie puede ser feliz amando a quién no le valore, ni le preste atención, la indiferencia suele ser el arma más dolorosa con la que se asesina el amor más bello que se pudo conquistar.
Es mejor estar solo y en la búsqueda esperanzadora de nuestra media naranja que sentirnos involucrados con un ser robotizado, al que poco o nada le importen nuestros sueños e ilusiones. No seamos ingenuos, no creamos que la pareja puede vivir tranquila sin recibir un estímulo sincero afectivo. Antes de hacer mil pedazos de un corazón, pensemos que puede ser el nuestro, que todos tenemos el derecho de ser valorados y atendidos en nuestros requerimientos afectivos. No nos dejemos morir de amor por alguien que nos es capaz de reconocer nuestro valor, no pensemos que siendo mártires o mendigando un sentimiento a alguien que no lo merece, finalmente seremos felices un día.
Lo que mata al Amor son las caricias que no damos, las palabras dulces que no pronunciamos, los gestos delicados que se olvidan, el tiempo que le robamos al ser querido para dedicarlo a cosas que realmente se podrían postergar. Lo que mata al Amor es no ser capaces de comprender realmente cuánto nos aman y cuánto nos necesitan
LOLY.
domingo, 23 de mayo de 2010
LA VIDA
Aquí, Entre NosotrosSiempre es preciso saber cuando se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.
¿Terminó tu trabajo?, ¿Ya no vives más en esa casa?, ¿Debes irte de viaje?, ¿La relación se acabó? Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente "revolcándote" en los porqués, en tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho.
El desgaste va a ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos, ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante. No podemos estar en el presente añorando el pasado.
Ni siquiera preguntándonos porqué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!
Por eso, a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos, y vender o regalar libros. Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación. Dejar ir, soltar, desprenderse.
En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que dar vuelta a la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente. El pasado ya pasó. No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú.
Suelta el resentimiento. Encender "tu televisor personal" para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarte mentalmente, envenenarte, y amargarte. La vida está para adelante, nunca para atrás. Si andas por la vida dejando "puertas abiertas", por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción.
¿Noviazgos o amistades que no clausuran?,¿Posibilidades de regresar? (¿a qué?), ¿Necesidad de aclaraciones?, ¿Palabras que no se dijeron?, ¿Silencios que lo invadieron? Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir, cierra capítulos. Di a ti mismo que no, que no vuelven.
Pero no por orgullo ni soberbia, sino, porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio. Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo.
Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida. Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste sin ese adhesivo.
Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir. Es un proceso de aprender a desprenderse y, humanamente se puede lograr, porque te repito: nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad.
Pero cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate. Hay muchas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad.
¡Esa es la vida!
Comprendo a todo el que piense "muy facil de decir y de escribir"....
"pero dificil por no decir imposible de hacer"
¿como cerrar capitulos de tu vida tan importantes?
Yo misma no soy capaz............
LOLY.
miércoles, 19 de mayo de 2010
TE MIRO

Te miro a los ojos y descubro al miedo
metido en rincones de viejos momentos…
Gritando te encuentras, pedazo de cielo,
pidiendo a clamores te llegue un consuelo…
Tu alma poeta de versos se inunda
cuando en ti reviven caricias que añoras…
Te miro a los ojos…
Más clara es tu alma vestida de asombros…
Frágil como un ave que apenas comienza,
tu vuelo está cerca, suelta las cadenas…
Te extiendo mis manos… con alas de estrellas
porque la amistad…no tiene fronteras…
En tu cuerpo de hombre… en tu ser de niño
que hilvana en sus sueños anhelos distintos…
En tu ser de fuego… en tu ser de bríos
hallarás la forma de no ser vencido.
La pasión te envuelve a la vida misma
por eso confío que no habrá derrotas…
Tus manos me muestran destinos que se unen
por eso no temas al amor que sufre…
En las diferencias siempre habrá querencias.
No busques tan lejos… suelta las cadenas…
Abre bien los ojos siempre alguien te espera.
No enciendas angustias bajo soledades
cuando al lado tuyo, tienes quien te abrace…
metido en rincones de viejos momentos…
Gritando te encuentras, pedazo de cielo,
pidiendo a clamores te llegue un consuelo…
Tu alma poeta de versos se inunda
cuando en ti reviven caricias que añoras…
Te miro a los ojos…
Más clara es tu alma vestida de asombros…
Frágil como un ave que apenas comienza,
tu vuelo está cerca, suelta las cadenas…
Te extiendo mis manos… con alas de estrellas
porque la amistad…no tiene fronteras…
En tu cuerpo de hombre… en tu ser de niño
que hilvana en sus sueños anhelos distintos…
En tu ser de fuego… en tu ser de bríos
hallarás la forma de no ser vencido.
La pasión te envuelve a la vida misma
por eso confío que no habrá derrotas…
Tus manos me muestran destinos que se unen
por eso no temas al amor que sufre…
En las diferencias siempre habrá querencias.
No busques tan lejos… suelta las cadenas…
Abre bien los ojos siempre alguien te espera.
No enciendas angustias bajo soledades
cuando al lado tuyo, tienes quien te abrace…
LOLY.
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